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Hostias como Dios manda

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«… hacen un sermoncico cristiano que es un contento y un regalo oílle o leele.»[1]

De que el clero sabe de hostias no me cabe la menor duda. Por eso, que el obispo auxiliar y vicario general de la Diócesis de Toledo, Ángel Fernández Collado, haya decidido “excomulgar” a las hostias procedentes de China, Polonia e Italia, países cuya producción inunda vía telemática el mercado hostial y, por extensión, el de todo tipo de artefactos religiosos, resulta de lo más lógico y coherente.

Quienes tuvimos la gran ventura de nacer en España, la nación predilecta del Sagrado Corazón de Jesús y de la Inmaculada Concepción, supimos que hacer pan lo puede hacer cualquiera, pero que hacer hostias, lo que se dice hostias católicas, apostólicas y romanas, no está al alcance de cualquiera. Hay un derecho consuetudinario que de la misma forma que dicta, por ejemplo, que una paella no puede llevar chorizo, prohíbe aún más tajantemente que el cuerpo de Cristo se elabore de cualquier manera, un desvío heterodoxo que puede llevar al extremo del Pancho José de El milagro de P. Tinto, que pretendía relanzar la tradicional y muy ortodoxa fábrica familiar de obleas sacando al mercado su “doble oblea con queso”.

Pero sin llegar a tales excesos, hace ya algunos años nuestra Santa Madre Iglesia se vio obligada a salir al paso de las insensatas demandas de los católicos celíacos, que, como es sabido, no pueden ingerir gluten, una proteína presente en algunos cereales, entre ellos el trigo, cuyo consumo les produce severos daños en la mucosa intestinal con consecuencias desastrosas que no vienen al caso. Como los sufridos celíacos (católicos, a los descreídos el asunto se lo trae al pairo) pretendían, ni más ni menos, ingerir hostias de trigo sin gluten, el cardenal Ratzinger, hoy Papa emérito, y en 1995 prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue tajante: «Las hostias sin gluten son inválidas para el sacramento. Dichas hostias, en cambio, son materia válida si en ellas permanece la cantidad de gluten suficiente para obtener la panificación y, por tanto, la consagración».

Cabe decir que, tras ímprobos esfuerzos y para contento de católicos celíacos y de bodegas especializadas en mistelas y moscateles, la Federación de Celíacos de España logró en 2003 que la Conferencia Episcopal, por entonces presidida por el simpático Rouco Varela, autorizara a los sacerdotes a «facilitar al celíaco una comunión bajo la sola especie de vino». Problema solucionado…. a medias. Piensen, si no, en la Primera Comunión de los corderillos intolerantes al gluten que se ven discriminados del resto de los catecúmenos y señalados por su temprana afición a empinar el codo.

Pero volvamos a lo nuestro. Ahora el problema es otro y no viene causado por las ovejas, sino por los pastores. Movidos por el afán de ahorrar en parroquias y monasterios, parece ser que una buena parte de curas, frailes y sacerdotes han dado en la tecla de comprar las hostias por Internet en la que, como ocurre con tantas cosas, toda falsificación –y más si procede de China- encuentra cómodo asiento. Si teclean en el buscador la entrada “compra de hostias” obtendrán 536.000 resultados, lo que no es moco de pavo.

Adquirir las sagradas formas en el extranjero trae un triple problema, a saber: carecen de fecha de caducidad, no han pasado por control de calidad alguno y, lo que es peor, están dejando en la ruina a las monjitas de clausura, tradicionales fabricantes de las obleas junto a innúmeros dulces, lenguas de gato, mazapanes, turrones, bollos y toda clase de galgadas. He ahí el verdadero problema, porque que sepamos las hostias elaboradas en los claustros monjiles no pasan por control sanitario alguno.

En cuanto a la fecha de caducidad, por más que la infinita legislación europea, española, autonómica y local que regula la venta y consumo de productos alimenticios obliga a que todos la exhiban en lugar bien visible, las autoridades eclesiásticas consideran un sacrilegio el que las sagradas formas tuviesen que llevar impreso el «consumir preferentemente antes de… ». Les doy la razón, porque como me enseñaron en la catequesis, las hostias, amén de sagradas, son incorruptas, como es sabido en muchos lugares, entre otros en Alcalá de Henares.

Las monjitas afirman que ahora muchos curas y tiendas de artículos religiosos ya no se les compran a ellas las hostias, sino que optan por otras más baratas que vienen de Italia, China y, sobre todo, de Polonia. «Nosotras fabricábamos en torno a 25.000 o 30.000 formas al día y ahora nuestra producción ha caído como poco a la mitad. Los ingresos, evidentemente, también», denunció en la prensa la madre priora de las Carmelitas Descalzas de Puzol, Valencia. La calidad de las hostias foráneas, asegura, es inferior a las que ellas producen, pero admite que tampoco se trata de un producto «al que se le exija un exceso» de ella.

Se comprende así que, por vía epistolar, monseñor Fernández Collado haya recordado a sus descarriadas ovejas que las hostias deben ser como Dios manda, es decir. deben tener la calidad exigible a la materia «que posibilita la transustanciación en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor»; léase, que las hostias y el vino que tradicionalmente ofrecen los sacerdotes a los fieles en el sacramento de la Eucaristía deben ajustarse a los cánones establecidos por la jerarquía católica y, de paso, a las inmaculadas manos de las monjitas a las que suponíamos, más que industriosas, contemplativas.

Y como de jerarquía católica se trata, todos los caminos conducen a Roma. Sabedor de ello, que para eso es obispo, monseñor Fernández apoya su defensa de la hostia canónica en la publicación que el pasado 15 de junio dio a conocer la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos por encargo, ni más ni menos, del Papa Francisco. En aquella misiva, que aunque no era redonda era circular, se recordaba a todos los obispos la «obligación de cuidar y garantizar todo lo necesario para la digna y válida celebración de los misterios de Dios». La verdad, si ponerle puertas al campo es ya de por sí difícil, normalizar como si fueran folios los “misterios de Dios” se me antoja imposible. Pero, claro, para eso, para rotos y descosidos, doctores tiene la Santa Madre Iglesia.

El señor obispo rige territorios de trigo y vides, lo que sin duda le ha servido para insistir en las bondades de los productos manchegos. De ahí que subraye en su epístola la insistencia del Magisterio en señalar como única materia el pan de trigo y el vino de la vid. Hasta ahí me he enterado de todo, pero a partir de ahí el señor obispo intenta explicar, me temo, lo que no tiene explicación alguna. Y si no, que venga el mismísimo Ocón de Oro y me explique el laberíntico galimatías en que Su Eminencia se mete para apoyar que la razón de usar pan y vino se encuentra en:«el sentido fuerte del verbo SER que Jesús pronunció en la institución de la Eucaristía», y, por si no ha quedado claro, añade que,«hay una identificación entre el ESTO y lo que Cristo toma en sus manos, sea pan o vino».

De ese misterioso jardín en el que me ha metido el obispo, salgo como el negro del discurso: con la cabeza caliente y los pies fríos. Amén. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

[1] Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha. Prólogo de la Parte I.

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Catedrático de Biología Vegetal e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. En la Universidad de Alcalá ha sido secretario general, secretario del Consejo Social, vicerrector de Investigación y director del Departamento de Biología Vegetal. Es también director de la Cátedra de Medio Ambiente de la Fundación General de la Universidad de Alcalá. Es especialista en el estudio de la vegetación del oeste de Norteamérica, donde ha llevado a cabo su investigación desde 1989, cuyos resultados han sido publicados en un centenar de artículos científicos. Entre sus libros se cuentan Vegetation of Southeastern Spain, El paisaje vegetal de Castilla-La Mancha, La vegetación de España, Life Lines, Perfora, chico, perfora, y El fracking ¡vaya timo! Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

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