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Los reyes en Londres, milagros del empleo y Gibraltar español

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Voto a Dios que me espanta esta grandeza / y que diera un doblón por describilla, / porque ¿a quién no sorprende y maravilla / esta máquina insigne, esta riqueza? Miguel de Cervantes, Al túmulo del Rey Felipe II en Sevilla.

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¡Benditos sean los Reyes, padres de los menesterosos, sustento de los débiles, proveedores de los hambrientos, aposentadores de los desamparados, amparo de los desnudos, alivio de todos los pobrecitos que quieren ganarse la vida, y despenseros de quienes conservan sueldos, gajes, pensiones, tercias reales, viáticos, emolumentos, beneficios y canonjías, para que desahogadamente y sin importunos cuidados, alaben las glorias de las Divinas Monarquías![1]

Don Felipe VI de España y Nada de Alemania (Q.D.G.) ha regresado sano y salvo de su visita oficial a la Pérfida Albión, donde fue recibido por su coronada colega doña Isabel de Inglaterra (G.B.H.M.) Como no podía ser menos, Sus Majestades ejercieron su real oficio con la modestia, la sobriedad y la cristiana austeridad que cabe esperar de quienes tienen por norte aliviar las penurias que acongojan a sus súbditos.

¡Con qué pomposo aparato fue recibido don Felipe por Su Graciosa Majestad! Los responsables de las covachuelas regias en las que se elaboran boatos, faustos, liturgias, pompas y solemnidades echaron el resto organizando una comitiva de un relumbrón tal que hizo palidecer los oropeles de la sevillana madrugá. ¡Qué tronío, señores!

La regia comitiva en la que como en El Príncipe y la corista toda guardarropía de relumbrón encontraba cómodo asiento, cruzó las calles de Londres. Acompañados de un cortejo de lacayos, caballerizos, postillones, beefeaters y palafreneros que parecían sacados de los pósitos de Cornejo, las doradas carrozas en las que viajaban las reales y principescas criaturas seguidas por suntuosos furgones, espléndidas carriolas, lujosos carruajes y bruñidas limusinas repletas de escoltas, prebostes, archimandritas, cortesanos, aristócratas y diplomáticos disfrazados para la ocasión, hizo su solemne introito en Buckingham Palace.

Luego vinieron los discursos. Uno sabe que don Felipe no pronuncia alocución alguna que no esté sancionada por la pluma de Rajoy. Dicho eso y sin ánimo de criticar, eché de menos dos cosas: una explicación y una pregunta. Empecemos por la primera. ¿Por qué no se incluyó en el real discurso algún párrafo dedicado a explicar el milagro obrado por la política de empleo gubernamental? Hubiera bastado con un simple ejemplo estadístico: el pasado mes de junio se firmaron en España 2.089.520 nuevos contratos y el paro bajó en 98.317 personas. Un milagro de la esclavitud a tiempo parcial que hubiera provocado el pasmo de Damian Green, ministro de Trabajo del Gobierno de Theresa May.

«Para España, Gibraltar es español gane o pierda el Brexit». Con esta frase recuperó Rajoy no hace mucho un viejo argumento del nacionalismo español: la reivindicación de Gibraltar como territorio de España. Desde 1713, momento en que se perdió la soberanía del territorio, varios monarcas y presidentes del Gobierno de España han pretendido reconquistar el peñón sin éxito. El Brexit ha reabierto otra vez el debate sobre la soberanía de Gibraltar, un territorio de ultramar británico estratégicamente situado en las puertas del Mediterráneo.

¿Por qué los gibraltareños se empeñan en permanecer alejados de lo que por lógica geográfica les corresponde? ¿Por qué ese empecinamiento en seguir uncidos al yugo británico y no pasarse con armas y bagajes al paraíso hispano? Quizás sea esta la respuesta: La tasa de paro en Gibraltar el pasado año estaba en un 0,49%, mientras que la del hispano Campo de Gibraltar, limítrofe con la colonia, rondaba el 40%. ¡Qué tontos son los llanitos que no quieren ser españoles!

Y luego, terminado el aquelarre, don Felipe, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

[1] Párrafo adaptado del primer capítulo de Memorias de un cortesano, de Benito Pérez Galdós.

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Catedrático de Biología Vegetal e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. En la Universidad de Alcalá ha sido secretario general, secretario del Consejo Social, vicerrector de Investigación y director del Departamento de Biología Vegetal. Es también director de la Cátedra de Medio Ambiente de la Fundación General de la Universidad de Alcalá. Es especialista en el estudio de la vegetación del oeste de Norteamérica, donde ha llevado a cabo su investigación desde 1989, cuyos resultados han sido publicados en un centenar de artículos científicos. Entre sus libros se cuentan Vegetation of Southeastern Spain, El paisaje vegetal de Castilla-La Mancha, La vegetación de España, Life Lines, Perfora, chico, perfora, y El fracking ¡vaya timo! Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

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