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El viaje de ida y vuelta de Robert E. Lee

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Robert E. Lee. Imagen.
Grupos de supremacistas blancos rodean la estatua de Lee en Charlottesville. Foto.

Después de sufrir un accidente cerebrovascular dos semanas antes, un día como hoy de 1870, a los 63 años, murió en su casa en Lexington, Virginia, el ex general confederado Robert E. Lee. El pasado verano, con los tumultos ocurridos en Charlottesville, Virginia, cuando el ayuntamiento procedía a retirar una estatua ecuestre de Lee y los supremacistas blancos intentaban impedirlo, la figura del derrotado general en jefe de la Confederación regresó desde donde habita el olvido.

En una rueda de prensa celebrada inmediatamente después, el presidente Trump argumentó como una “defensa del patrimonio sureño” la protesta ultraderechista en el campus de la Universidad de Virginia en Charlottesville, en la que los manifestantes, muchos de los cuales llevaban antorchas tipo Ku Klux Klan y hacían saludos nazis, cantaban consignas racistas. Los asistentes, dijo el presidente, no eran racistas, sino que estaban allí para evitar que el ayuntamiento de Charlottesville derribara una simple estatua, lo cual era cierto sobre papel, pero sostener que la protesta no era racista es un enorme error impropio de un presidente bien informado algo que, según los antecedentes, no es el caso.

Un informe público del Southern Poverty Law Center, una organización dedicada al seguimiento de los derechos de grupos marginales estadounidenses, arroja mucha luz sobre lo que verdaderamente hay detrás de los monumentos y estatuas confederadas que salpican algunos estados americanos. Hay al menos 1.503 símbolos de la Confederación en espacios públicos. Ciento nueve escuelas públicas que llevan el nombre de prominentes confederados, muchas de ellas con muchos estudiantes afroamericanos. Hay más de 700 estatuas y monumentos confederados erigidos en lugares públicos de todo el país, la mayoría de ellos en los estados sureños.

Número de monumentos confederados por estado. Fuente.

 

Las fechas en que se erigieron esos monumentos o se pusieron nombres a las escuelas son claves para entender el fondo supremacista blanco que subyace en ellos. Esos monumentos fueron puestos para honrar a los líderes y soldados confederados, pero el momento en que fueron erigidos deja bastante claro cuál era la verdadera motivación: simbolizar físicamente el terror blanco contra los negros. En su mayor parte se construyeron mucho después del fin de la Guerra de Secesión, durante épocas en que los blancos del sur estaban organizando campañas de odio y subyugación contra los negros. Durante esas campañas se enviaban mensajes a los tribunales mediante la erección delante de los edificios judiciales de estatuas ecuestres de Robert E. Lee, el general en jefe de los ejércitos confederados.

Instituto Robert E. Lee, en Montgomery, Alabama.

Robert Edward Lee (1807-1870) se graduó con honores en la academia militar de West Point y fue un destacado oficial e ingeniero militar del Ejército de los Estados Unidos durante tres décadas. Durante esos años sirvió por todo su país, se distinguió durante la Guerra de México-Estados Unidos (1846-1848) y actuó como Superintendente en West Point.

En 1861 estalló en Estados Unidos la Guerra de Secesión que enfrentó a los estados del Sur, confederados, y los del Norte, unionistas. Cuando Virginia declaró su secesión de la Unión en abril de 1861, Lee eligió permanecer junto a su estado de origen, a pesar de su deseo de que su país permaneciera intacto y de que le ofrecieron un puesto en el alto mando del ejército de la Unión. Durante el primer año de guerra, sirvió como asesor del presidente confederado Jefferson Davis. Una vez que tomó el mando del principal ejército confederado -el Ejército Confederado de Virginia del Norte- en 1862, se distinguió como un astuto estratega y un agresivo comandante en el campo de batalla que puso contra las cuerdas a las tropas de la Unión (siempre superiores en número) en las grandes batallas de Manassas, Antietam, Chancellorsville y Fredericksburg.

Robert E. Lee. Imagen.

El 10 de diciembre de 1864, el ejército unionista al mando de William Tecumseh Sherman alcanzó la costa de Georgia después de haber arrasado un frente de cien kilómetros de ancho y de haber cumplido sobradamente su objetivo: partir en dos las líneas confederadas, cortar sus suministros por ferrocarril y alcanzar el mar apoderándose del principal puerto de abastecimiento de la Confederación: Savannah. Acuartelado allí, Sherman aceptó en la primavera de 1865 la rendición de todos los ejércitos confederados de las Carolinas, Georgia y Florida, lo que significó prácticamente el final de la gran Guerra Civil norteamericana. Faltaba únicamente firmar el acta de defunción del ejército sureño.

El 9 de abril de 1865, Lee, que para entonces ya había asumido el mando de las escasas tropas que le quedaban a los confederados, rindió todo su ejército ante su homólogo unionista el general Ulysses S. Grant, acampado en los altos de Appomattox Court House, una pequeña aldea del sur de Virginia. Antes de hacerlo, había rechazado la propuesta de mantener una insurgencia guerrillera contra la Unión y llamó a la reconciliación entre ambos bandos. Después de rendirse, viajó a Richmond, Virginia, donde residía su familia. Desempleado y sin ingresos, consideró la posibilidad de dedicarse a la agricultura, pero finalmente aceptó la presidencia del Washington College en Lexington, Virginia, un puesto que mantendría hasta su muerte cinco años más tarde.

Washington College (hoy Washington and Lee University) era por entonces una oscura escuela masculina solo para blancos (de hecho, su primer estudiante negro ingresó en 1966) que había resultado muy dañada durante la guerra y tenía menos de cincuenta estudiantes cuando Lee se convirtió en su presidente en el otoño de 1865. Durante su mandato en el que impuso un conocido lema (“Sólo hay una regla: todo estudiante es un caballero”), el estudiantado creció hasta varios cientos de alumnos, que se matricularon atraídos por la modernización de los planes de estudios, hasta entonces limitados a las Humanidades.

Durante sus últimos años, su salud empeoró debido a problemas cardiovasculares, aunque siguió activo en la universidad de la que dependía su sustento y el de su familia. A principios de la primavera de 1870, los médicos le recomendaron viajar más al sur para mejorar su salud. Este viaje, en el cual visitó Carolina del Norte, Georgia y Florida, se convirtió en lo que muchos historiadores llaman la «el viaje de despedida» de Lee.

Sepulcro de Robert E. Lee en Lee Chapel, Washington and Lee University, Lexington, VA.

En la tarde del 28 de septiembre de 1870 cayó enfermo y era incapaz de hablar coherentemente, prueba de que sufrió un accidente cerebrovascular (un ataque de ese tipo daña los lóbulos frontales del cerebro, impidiendo el habla). Su estado se complicó al desarrollar una neumonía, que fue la causa oficial de su fallecimiento en la mañana del 12 de octubre de 1870. Fue enterrado en la capilla Lee de Washington College.

Después de la guerra, Lee se había mantenido del escenario político, aunque apoyó el programa de Reconstrucción del presidente Andrew Johnson, el plan de abolición de la esclavitud y la implantación de escuelas para esclavos en las plantaciones. Su popularidad, muy grande en el Sur, creció incluso en el Norte, especialmente después de su muerte. Poco a poco, pasó a ser considerado el gran héroe confederado y para algunos un icono de posguerra de la llamada «Causa perdida de la Confederación». © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

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Catedrático de Biología Vegetal e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. En la Universidad de Alcalá ha sido secretario general, secretario del Consejo Social, vicerrector de Investigación y director del Departamento de Biología Vegetal. Es también director de la Cátedra de Medio Ambiente de la Fundación General de la Universidad de Alcalá. Es especialista en el estudio de la vegetación del oeste de Norteamérica, donde ha llevado a cabo su investigación desde 1989, cuyos resultados han sido publicados en un centenar de artículos científicos. Entre sus libros se cuentan Vegetation of Southeastern Spain, El paisaje vegetal de Castilla-La Mancha, La vegetación de España, Life Lines, Perfora, chico, perfora, y El fracking ¡vaya timo! Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

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