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El Apocalipsis según ISIS

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El Estado Islámico (ISIS) es uno de los grupos yihadistas más letales de la historia moderna, superando incluso a Al Qaeda. Miles de sus seguidores han marchado a través de Siria e Irak, subyugando a millones de personas, esclavizando a mujeres, decapitando a cautivos y desafiando a quien se atreva a detenerlos. Enarbolando la bandera negra del Estado Islámico, miles de fanáticos más han extendido el terror más allá de Oriente Medio.

¿Cómo atrajo el Estado islámico a tantos seguidores y conquistó tanto territorio? Siendo más despiadado, más apocalíptico y más convencido de la necesidad de construir un Estado que sus competidores. Los sagaces líderes del Estado Islámico combinaron dos de las ideas más poderosas y más contradictorias del Islam: el retorno del Imperio Islámico y el fin del mundo. Incluso si el Estado Islámico es derrotado, el terrorismo yihadista nunca será el mismo.

Con la idea de utilizarlo como inductor de sueño en las siete horas de vuelo que me llevarán hasta Madrid, en el Hudson Bookseller del aeropuerto de San Luis compro un libro, The ISIS Apocalypse: The History, Strategy, and Doomsday Vision of the Islamic State (St. Martin’s Press, 2015) del experto en islamismo radical William McCants, profesor de la universidad John Hopkins. Quería dormir y el libro me despabiló. Una interesante noche en vela.

Mientras que la mayoría de la gente vio la primavera árabe como una revolución democrática fracasada, los yihadistas consideraron los diversos levantamientos de manera muy diferente. Para ellos, los sucesos de 2011-12 y sus turbulentas consecuencias anunciaron el advenimiento del Mahdi, el mesías musulmán, y de las grandes batallas que acompañarían al Fin de los Días, el equivalente islámico del Armagedón. Para ellos había surgido una doble oportunidad. Por un lado, acelerar la llegada del apocalipsis era un estímulo muy fuerte para actuar y reclutar; por otro, la primavera árabe había ayudado a crear vacíos de poder que ellos podrían ocupar.

Esos dos temas -apocalipsis y yihadismo- son el fundamento del ensayo de William McCants sobre el ISIS. Media docena de libros recientes han contado cómo el grupo surgió en Irak en 2006, se estableció en Siria en 2011 y volvió a Irak en 2015, pero la gran contribución de este ensayo es proporcionar algo así como una crónica desde el interior del monstruo, porque su libro se basa, entre otras fuentes, en emails, comunicaciones entre ISIS y al-Qaeda, y otros mensajes filtrados por servicios secretos o capturados en la red.

ISIS y el movimiento global de donde brotó emergen como una extensa, agobiante y disfuncional saga. En su primera encarnación, el autodenominado Estado fue un desastre. Su emir sobre el papel, un iraquí, era un ex policía de una pequeña ciudad sin implicaciones religiosas. Su verdadero líder, un egipcio, era imprudente e incompetente. En el momento en que fueron asesinados por las fuerzas estadounidenses e iraquíes en 2010, ISIS era una fuerza desgastada que avergonzaba a su padre político y espiritual, el líder de Al Qaeda financiado por la CIA, Osama bin Laden. En vano los había instado a modular su violencia y a ganar corazones y mentes locales antes de precipitarse a declarar un Estado. Observó impotente como fracasaba y, al hacerlo, como degradaba a su alma mater: Al Qaeda.

Abu Bakr al-Baghdadi. Foto.

McCants se propuso analizar detalladamente cómo el ISIS revivió para convertirse en lo temible que es hoy día. Básicamente, su explicación descansa en un triple eje. Primero, surgió un liderazgo más creíble. El nuevo emir, Abu Bakr al-Baghdadi, que afirmó que descendía del Profeta, tenía una licenciatura en estudios coránicos, era astuto y tenía buenas conexiones. Para ayudarle a consolidar el poder estaba el siniestro Hajji Bakr, un ex coronel calvo y de barba blanca que formaba parte del ejército de Saddam Hussein, cuyo primer acto fue una purga de potenciales rivales al estilo de Saddam.

En segundo lugar, los acontecimientos en Siria entre 2011 y 2014 jugaron a favor del ISIS, dándole una nueva base poderosa que precipitó su ruptura definitiva con Al Qaeda, un divorcio que McCants llama «la mayor división de la comunidad yihadista global», del que surgió un ISIS reforzado y una al-Qaeda gravemente debilitada.

Tercero, la proclamación de ISIS en 2014 anunciándolo como la restauración del califato –que en la profecía islámica e uno de los presagios del apocalipsis- resultó ser un golpe maestro. Bin Laden había prestado alguna atención a la idea, pero nunca se la había tomado muy en serio. El 27 de junio de 2014 el Califa dirigió una proclama a la población suní mundial: «Este es vuestro Estado, venid a construirlo y, si no, haced todo lo que podáis, estéis donde estéis, para apoyarlo». Cuando se lanzó la proclama al viento, muchos musulmanes de todo del mundo se apresuraron a luchar bajo su bandera negra. El movimiento pronto tuvo 20.000 combatientes extranjeros. Desde entonces, muchos han viajado al Estado Islámico para combatir al enemigo, y el mayor contingente procede paradójicamente de Túnez, el único país en el que la primavera árabe ha triunfado. Pero también en Arabia Saudí (2.500 saudíes se han incorporado desde entonces), Yemen y Kuwait aumenta el número de jóvenes que desean incorporarse al ISIS, y de ahí los frecuentes ataques contra los chiíes en esos países.

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El profesor McCants agrega muchos detalles desconocidos. En un momento dado, Bin Laden, una creación de la CIA, se dirige a líderes de al-Shabab, su filial somalí, sobre la sequía y el cambio climático, instándoles a no cortar tantos árboles para hacer leña. También se lamentaba haber llamado a su movimiento al-Qaeda (que se traduce como “la Base”), que no resultaba ser un nombre lo suficientemente islámico. En cuanto al futuro, McCants se pregunta si la espantosa brutalidad del ISIS les llevará a la ruina. No necesariamente. Hasta cierto punto, argumenta, la brutalidad funciona. Los grupos yihadistas sólo resultan derrotados cuando el equilibrio de fuerzas local cambia. Puede que el ISIS se derrumbe, piensa McCants, pero incluso si lo hace, aparecerán otros para emularlo. Una perspectiva sombría.

Trump y el Salman de Arabia Saudita durante la visita del primero en mayo de este año. Foto.

Decía Jack London que mientras el silencio de la oscuridad es protector, el silencio blanco —a la luz del día—, es aterrador. Y así se mueven los jeques de Arabia por el mundo, sigilosamente, apoyados por la complicidad de la prensa “democrática” de Occidente, quienes con tal de no perjudicar la imagen de su reino de terror, a cuyo lado las demás dictaduras de la región parecen democracias puras, simplemente ocultan lo que allí sucede. McCants ha encontrado una forma perfecta para definir a Arabia Saudí y su papel para fomentar las corrientes más reaccionarias del islam en todo el planeta de cuyas fuentes han bebido muchos autores de atentados terroristas: «Los saudíes son tanto los pirómanos como los bomberos. Promueven una forma muy tóxica del islam y trazan una línea estricta entre un pequeño grupo de auténticos creyentes y todos los demás, musulmanes y no musulmanes».

Lo que ocurre en las calles de las ciudades europeas que cuentan con una importante comunidad musulmana es un claro ejemplo. Los saudíes han utilizado su ingente capacidad económica para financiar mezquitas, pagar sueldos de imanes y enviar material religioso con los que extender en Europa –al igual que en África y Asia– su visión rigorista y extremista del islam. Eso es a lo que se refiere McCants cuando les llama “pirómanos”.

Tal y como lo expresó William Patey, embajador británico en Riad entre 2006 y 2010, los saudíes «No están financiando el terrorismo. Están financiando otra cosa que puede hacer que los individuos se radicalicen y se conviertan en carne de cañón del terrorismo». © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

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Catedrático de Biología Vegetal e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. En la Universidad de Alcalá ha sido secretario general, secretario del Consejo Social, vicerrector de Investigación y director del Departamento de Biología Vegetal. Es también director de la Cátedra de Medio Ambiente de la Fundación General de la Universidad de Alcalá. Es especialista en el estudio de la vegetación del oeste de Norteamérica, donde ha llevado a cabo su investigación desde 1989, cuyos resultados han sido publicados en un centenar de artículos científicos. Entre sus libros se cuentan Vegetation of Southeastern Spain, El paisaje vegetal de Castilla-La Mancha, La vegetación de España, Life Lines, Perfora, chico, perfora, y El fracking ¡vaya timo!
Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

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