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Cambio climático: los científicos norteamericanos desmienten a Trump

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Como viene siendo habitual, el mes pasado trajo malas noticias sobre el calentamiento global. Por un lado, la NASA informó que, de acuerdo con un análisis mensual de las temperaturas globales de 6.300 estaciones meteorológicas de todo el mundo, septiembre de 2017 fue el cuarto septiembre más cálido en los 137 años de registros modernos (Figura 1). En ese mes, la temperatura fue 0,80 grados centígrados (ºC) más cálida que la temperatura media del mismo mes entre 1951-1980. Los meses más cálidos de septiembre tuvieron lugar en 2016 y 2014 (+0,87 ºC) y 2015 (+0.82 ºC).

El 30 de octubre, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó su boletín anual, en el que advertía que la concentración en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero (GEI), alcanzó en 2016 el récord de 403,3 partes por millón (ppm), un récord superado en septiembre de 2017 (Figura 2). Esa concentración no ha parado de aumentar desde principios de los años sesenta, cuando arrancan los registros de seguimiento directo de ese gas. La OMM tiene registrado un incremento constante de estas concentraciones en la atmósfera, pero el ritmo de 2016 ha sido aún mayor, superando de nuevo la barrera de los 400, que se rebasó por primera vez en 2015, el año en el que se firmó el Acuerdo de París.

Figura 1. Cambio en la temperatura superficial global en relación con las temperaturas promedio de 1951-1980. Dieciséis de los 17 años más cálidos registrados durante 136 años se han producido todos desde 2001, con la excepción de 1998. El año 2016 es, por el momento, el más cálido registrado. Fuente.

En solo un año (2016) la concentración de CO2 ha aumentado en 3,3 ppm, un incremento muy por encima de la media anual de la última década, que está en 2,08 ppm. La OMM fue más allá ayer y, tras sostener que la concentración actual de CO2 representa el 145% de los niveles preindustriales (antes de 1750), alertó de que «la última vez que la Tierra conoció una cantidad de CO2 comparable fue hace entre tres y cinco millones de años: la temperatura era entre 2 y 3 grados más alta y el nivel del mar era 10 o 20 metros mayor que el actual».

Los datos avalan los que publicó a finales de julio la Agencia de la Atmósfera y los Océanos de Estados Unidos (NOAA) que confirmaban que durante los últimos 390 meses consecutivos el planeta ha superado la media de temperatura desde que hay registros. En contraposición a 1816, el año del verano que nunca llegó, estamos viviendo un verano eterno, en el que todo apunta a que en 2017 continuará la tendencia denunciada el año pasado, el más caluroso desde que comenzaron los registros en 1880, y el tercero consecutivo en el que la Tierra bate el récord de temperatura, un hecho sin precedentes.

Desde el comienzo de la Revolución Industrial cada vez hay más evidencias de un calentamiento global, esto es, de una tendencia ascendente de la temperatura en toda la Tierra, motivada por las actividades humanas, que está provocando un efecto inducido en el cambio climático natural. Los informes del IPCC y de la NASA reiteran que hay más del 95% de probabilidad de que las actividades humanas, traducidas en la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), especialmente reflejadas en el aumento del CO2, son la causa del aumento del calentamiento global del planeta (Figura 2).

Figura 2. El gráfico de abajo muestra los niveles atmosféricos de CO2 medidos en el Observatorio Mauna Loa, Hawái, en los últimos doce años. El gráfico de arriba muestra los niveles de CO2 durante los últimos tres ciclos glaciales, tal como se reconstruyeron a partir de núcleos de hielo. Las medidas están en partes por millón (ppm). Fuente.

Mientras que el presidente Trump sigue empeñado en negar las evidencias hasta el punto de sacar a su país del Acuerdo de París, de desmantelar la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y de decretar que la web de la Casa Blanca deje de publicar información relativa al cambio climático, científicos de varias agencias y organismos han presentado el Informe Especial sobre el Clima, que posiblemente es el estudio más exhaustivo sobre ciencia del clima jamás realizado por investigadores del gobierno estadounidense.

Los datos contenidos en las 600 páginas del informe, basado en la evaluación más de 1.500 estudios e informes científicos, contradicen las declaraciones de Trump y de los miembros de su gabinete que han cuestionado abiertamente el papel que los humanos jugamos en el cambio climático. Entre la cuadrilla negacionista destaca el hombre elegido por Trump para dirigir la EPA, Scott Pruitt, quien desde el mismo momento de su toma de posesión lo dejó perfectamente claro: no cree que el CO2 sea un contribuyente principal al cambio climático. En una entrevista concedida a principios de año, Pruitt, afirmó que «medir con precisión la actividad humana en el clima es algo muy difícil de hacer», y que «existe un gran desacuerdo sobre el grado de impacto».

Obviamente, esas afirmaciones no encajan con las conclusiones del informe, que, para mayores garantías, es parte de una revisión aún más amplia conocida como la cuarta Evaluación Nacional del Clima. El NCA4, como se le conoce, es la evaluación más autorizada de la ciencia climática y en ella intervienen expertos de agencias científicas líderes, incluyendo la NOAA, la NASA y el Departamento de Energía, así como científicos y académicos.

El informe indica que el clima mundial continuará calentándose. Cuánto, dice, «dependerá principalmente de la cantidad de gases de efecto invernadero (especialmente dióxido de carbono) emitidos a nivel mundial». Sin grandes reducciones en las emisiones, se lee en el informe, el aumento en la temperatura global promedio anual podría alcanzar los 9 grados Fahrenheit en relación con los tiempos preindustriales. Los esfuerzos para reducir las emisiones, dice, reducirían la tasa de calentamiento.

El Informe Especial sobre el Clima ha sido enviado a la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca. Trump todavía no ha elegido a nadie para dirigir esa oficina, que sigue siendo uno de los puestos vacantes en el personal de la Casa Blanca, todo un indicador de la importancia que el presidente da al mayor problema al que se enfrenta la humanidad. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

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Catedrático de Biología Vegetal e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. En la Universidad de Alcalá ha sido secretario general, secretario del Consejo Social, vicerrector de Investigación y director del Departamento de Biología Vegetal. Es también director de la Cátedra de Medio Ambiente de la Fundación General de la Universidad de Alcalá. Es especialista en el estudio de la vegetación del oeste de Norteamérica, donde ha llevado a cabo su investigación desde 1989, cuyos resultados han sido publicados en un centenar de artículos científicos. Entre sus libros se cuentan Vegetation of Southeastern Spain, El paisaje vegetal de Castilla-La Mancha, La vegetación de España, Life Lines, Perfora, chico, perfora, y El fracking ¡vaya timo!
Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

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