Inicio Cultura El capital cumple 150 años

El capital cumple 150 años

0
Compartir
Karl Marx. Foto: RIA Novosti

La elección de Donald Trump, el voto a favor de Brexit y el auge del populismo en Europa y en diferentes países pueden entenderse como efectos indirectos de los cambios en la división mundial del trabajo que propugnó Marx en la obra fundacional del marxismo, El capital, un libro que ofreció una imagen todavía inigualada del dinamismo del capitalismo y de la transformación de las sociedades a escala global.

Los cambios científicos y tecnológicos de la Revolución Industrial que tenían lugar en toda Europa a mediados del siglo XIX estaban teniendo un elevado coste social y político. Se publicaron muchos documentos sobre la pobreza y las malas condiciones higiénico-sanitarias de los habitantes de las ciudades, la superpoblación, el trabajo infantil y las condiciones de explotación de los trabajadores fabriles. La llamada “cuestión social” provocó lo que hoy llamaríamos una alarma social generalizada. Mientras tanto, la censura, la represión, el poder de la aristocracia y la exclusión de las clases trabajadoras del sufragio universal animaron el creciente descontento político.

Karl Marx. Foto: RIA Novosti

Observar, analizar y sintetizar esos cambios fue el objetivo del economista renano Karl Marx (1818-83). Marx expuso los conceptos de trabajo, comercio y mercado global en El capital, cuyo primer volumen se publicó el 14 de septiembre de 1867. El impacto del libro sobre la economía, la política y la sociedad ha sido formidable. Múltiples ideas y conceptos surgidos del pensamiento de Marx han impregnado áreas de investigación científica tan dispares como la robótica y la teoría evolutiva.

¿Cómo explicar la influencia de los conceptos de El capital en tantos campos? Friedrich Engels, colaborador de Marx durante muchos años y autor en 1845 de la revolucionaria La situación de la clase trabajadora en Inglaterra, comparó El capital con la teoría de la evolución por selección natural publicada ocho años antes. Escribió: «Así como [Charles] Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana».

Lo extraordinario de El capital es que ofreció una imagen todavía inigualada del dinamismo del capitalismo y de la transformación de las sociedades a escala global. Introdujo en el léxico conceptos tales como mercancía y capital, y destacó algunas de las vulnerabilidades del capitalismo, incluyendo su perturbadora influencia en estados y sistemas políticos. La elección de Donald Trump, el voto a favor de Brexit y el auge del populismo en Europa y en otros lugares, pueden entenderse como efectos indirectos de los cambios en la división mundial del trabajo: la redistribución geográfica de aspectos clave de la producción moderna de Europa y Estados Unidos. Tales acontecimientos a escala global fueron identificados conceptualmente por Marx el «impulso irrefrenable de la empresa capitalista hacia la expansión».

A principios de la década de 1840, Marx era el editor radical del periódico Rheinische Zeitung, en el que escribía editoriales que atacaban a Prusia en nombre de la libertad de prensa. escribiendo editoriales que atacaron Prusia en nombre de la libertad de prensa. Cuando en 1843 prohibieron el periódico, se fue a París, donde se hizo comunista. Empezó a defender la revolución, pero no una revolución política como la de Francia de 1789, sino una “humana”, que debía ser llevada a cabo por una clase baja de la sociedad de la época, a la que llamó el “proletariado”.

Engels en 1891. Foto

Durante su exilio, el proyecto teórico de Marx se puso en marcha cuando, como editor del Deutsch-Französiche Jahrbücher, recibió el artículo de Engels “Apuntes críticos a la Economía Política“. Engels, que dirigía la fábrica textil de su padre en Manchester, condenaba un sistema económico basado en la propiedad privada, cuya teoría era la “economía política” o la “ciencia del enriquecimiento”. Engels argumentaba que el fin de la esclavitud y del feudalismo sólo habían servido para convertir a campesinos y artesanos en asalariados no propietarios. Esa afirmación le sirvió a Marx para embarcarse en su crítica de la economía política, que devino en El Capital.

Como había hecho Darwin, Marx se tomó su tiempo: trabajó su obra durante 30 años pero sólo publicó el primer volumen; los otros dos fueron completados por Engels a partir de las notas de Marx. Marx abordó su tarea con precisión científica y un uso minucioso y académico de estadísticas oficiales y fuentes históricas. Como señaló en el prefacio de la edición francesa de 1872: “En la ciencia no hay un camino cómodo, y sólo aquellos que no temen la escalada fatigosa de sus empinadas sendas tienen la oportunidad de conquistar sus brillantes cimas.”) El Capital fue único en su tiempo porque para enmarcó la historia no en términos filosóficos idealistas o abstractos, sino en los materiales: los hechos sociales y económicos de la vida humana.

Marx sostuvo que la propiedad privada había creado una sociedad impulsada por la “lucha de clases” y en la expansión hacia la dominación del mercado mundial. Esa representación de un mundo propulsado por los imperativos del desarrollo capitalista, memorablemente descrita por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista (1848), todavía sigue en vigor. De hecho, desde la caída de la Unión Soviética en 1991, se ha vuelto cada vez más dominante como en el ámbito socioeconómico.

La obra contenía una teoría materialista de la historia, una crítica de la civilización capitalista por su explotación y alienación de la humanidad, el augurio de su hundimiento por sus contradicciones internas y, principalmente, la teoría de la plusvalía, que Engels consideraba el descubrimiento fundamental de Marx junto con el del materialismo histórico. Las revoluciones industriales, denunció Marx por primera vez, relegaban a los trabajadores a la condición de vigilantes de las máquinas y abrían el camino a una producción que no dependía del trabajo humano.

En términos del impacto inmediato, El Capital fue un fracaso. La edición alemana de 1867 vendió sólo mil ejemplares en cinco años. El volumen no fue traducido al inglés hasta 1886, después de la muerte de Marx. Fue en esa década, de 1883 a 1893, cuando comenzó el verdadero impacto del libro y la difusión del pensamiento de su autor, lo que se debió en gran medida a los esfuerzos de Engels por promover el marxismo. Para asegurar la difusión de la obra, Engels se entregó a redactar recensiones del libro para distintos diarios europeos y americanos, desde distintos puntos de vista y a contemplar incluso la denuncia del mismo con tal de conseguir atraer la atención del público. Gracias a ello, El Capital se convirtió en un documento fundador del movimiento socialista internacional, que surgió en París en 1889 con la formación de la Segunda Internacional, una organización de partidos socialistas y sindicatos.

En el siglo XX, con la Revolución Rusa de 1917 y especialmente durante la Guerra Fría, el marxismo tal y como ahora lo entendemos llegó a dominar las relaciones internacionales. Irónicamente, fue el miedo al comunismo y a su atractivo para las clases trabajadoras, especialmente en Francia e Italia, lo que alentó a muchos países occidentales a establecer sistemas efectivos de Seguridad Social y el Estado de Bienestar.

Algunos de los aspectos más significativos del pensamiento de Marx no aparecieron en el libro. Su concepción de la crisis capitalista como “la ley más importante de la economía política moderna” aparece sólo en un primer borrador, aunque la recesión periódica sea ahora una norma del capitalismo. Sus especulaciones sobre un futuro cada vez más automatizado de la producción se ventilan en unas cuantas notas. En esas notas, Marx escribe que esperaba que el trabajo mecanizado permitiera más tiempo de ocio y un uso más creativo de él; el trabajo, creía él, era la última vocación de la humanidad. Hoy en día, por supuesto, los despidos vinculados a la recesión, la “gig economy“, es decir, el aumento de los contratos a tiempo parcial y de la transformación obligada de los trabajadores en autónomos, y el aumento de la mano de obra robótica han traído respuestas muy diferentes a las que soñaba Marx, que reivindicaba el ocio casi tan a fondo como su yerno Paul Lafargue, inolvidable autor de El derecho a la pereza. Pero los ejes básicos trazados tanto en las notas como en el libro siguen siendo válidas: la clase, la sociedad y el capital eran creaciones humanas e históricas y, como tales, podían ser abolidas o transformadas por el ser humano.

Marx también estaba profundamente interesado en la etnología, especialmente en los trabajos del antropólogo estadounidense Lewis Henry Morgan, que fue pionero en estudios de parentesco y desarrolló una teoría de la evolución social en Ancient Society (1877). En sus últimos años, partiendo de esta y otras fuentes, Marx elaboró ​​el concepto de comunismo primitivo: la idea de que las culturas tradicionales, las que existieron antes del advenimiento de la propiedad privada y del Estado, defendían la propiedad común y la igualdad social. Las ideas y sugerencias de Marx acerca de la progresión de los sistemas económicos y su relación con determinadas sociedades han influido enormemente en las ciencias sociales, especialmente en la antropología, la sociología y la historia.

En cuanto al comentario de Engels sobre Darwin y Marx, ¿había alguna conexión real entre sus pensamientos? Hacerlo resulta forzado. El Capital y El Origen de las Especies exploran el conflicto y el dinamismo, pero uno no encaja ordenadamente en el otro. No se puede decir que Marx haya sido un darwinista, a pesar de la existencia de evolucionistas marxistas posteriores.

Si El Capital se ha convertido hoy en uno de los grandes hitos del pensamiento decimonónico, no es porque haya logrado identificar las “leyes evolutivas” del capital. Marx no produjo un esquema definitivo ni de las raíces del modo de producción capitalista ni de su supuesta muerte. Lo que hizo fue conectar el análisis crítico de la economía de su tiempo con sus raíces históricas. Al hacerlo, inauguró un debate sobre la mejor manera de reformar o transformar la política y las relaciones sociales que ha continuado desde entonces. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

El capital cumple 150 años
Votar
Compartir
Artículo anteriorFrutas frescas para el verano, 2
Artículo siguienteEl accidente que cerró Julio: Colisión en la M-100 deja un saldo de un muerto y un herido
Catedrático de Biología Vegetal e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. En la Universidad de Alcalá ha sido secretario general, secretario del Consejo Social, vicerrector de Investigación y director del Departamento de Biología Vegetal. Es también director de la Cátedra de Medio Ambiente de la Fundación General de la Universidad de Alcalá. Es especialista en el estudio de la vegetación del oeste de Norteamérica, donde ha llevado a cabo su investigación desde 1989, cuyos resultados han sido publicados en un centenar de artículos científicos. Entre sus libros se cuentan Vegetation of Southeastern Spain, El paisaje vegetal de Castilla-La Mancha, La vegetación de España, Life Lines, Perfora, chico, perfora, y El fracking ¡vaya timo! Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

Dejar una respuesta