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La sierra de Irta, cultura y naturaleza en estado puro

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EFE. La sierra de Irta, cultura y naturaleza en paralelo al Mediterráneo

 En el extremo norte de la Comunidad Valenciana, se encuentra la Sierra de Irta, que discurre en paralelo al Mediterráneo y que encierra tesoros culturales como castillos de la orden del Temple y naturales como algunos de los abruptos acantilados más altos de la región. El Parque Natural de la Sierra de Irta está localizado en Castellón, en concreto, entre los términos municipales de Alcalá de Xivert, Santa Magdalena de Pulpis y el turístico municipio de Peñíscola.

 

Naturaleza con vistas al mar


Precisamente la ausencia histórica de asentamientos humanos de importancia y el abandono de la actividad agropecuaria que durante siglos fue el uso de esta sierra, que discurre a lo largo de quince kilómetros en paralelo al mar, ha permitido mantener los valores naturales de este enclave, un mirador privilegiado del Mediterráneo.
Desde el punto de vista geológico, el pico más alto, el de la Campanilles, mide 572 metros, y el barranco más grande tiene seis kilómetros.


Para adentrarse en el parque y descubrir las mejores rutas e
n función de cada tipo de viajero, una buena idea es acudir el Centro de Visitantes, en la carretera de entrada al municipio de Peñíscola. Permanece abierto en horario de mañana y, además de organizar actividades, algunas en fin de semana, cuenta con dos salas donde se describen los valores naturales, culturales y paisajísticos de la sierra.


En este Parque Natural, se puede descubrir la esencia de la vegetación mediterránea, con especies de matorral como el palmito o los brezos, o los aromáticos tomillo, manzanilla o romero. Las aves marinas o los anfibios componen la población de este espacio, donde los mamíferos son más difíciles de observar. De modo que los amantes del senderismo encuentran aquí uno de esos lugares en los que perderse durante unas horas con el único objetivo de caminar para disfrutar de la naturaleza.


Un espacio de interés natural en la zona es la Olmeda del Mas del Senyor, habilitada como área recreativa en la confluencia del barranco de Malentrada y de la Carrera.
Sorprende la vegetación que alberga, como los chopos y los olmos, especies que son propias de la ribera fluvial y que aquí se desarrollan porque cuentan con agua suficiente para ello. Fue propiedad de Jaume I después de la reconquista de Peñíscola en 1233.


La orden del Temple

El espacio natural está salpicado de lugares de interés cultural de primer orden, entre los que destacan, por su lugar privilegiado, las torres defensivas y castillos como los de Alcalá de Chivert y Santa Magdalena de Pulpis, pertenecientes a la orden del Temple.
Es uno de los ejemplos de hisn (fortaleza musulmana) más importantes del periodo califal andalusí, especialmente por su imponente muro oriental. Las torres templarias conforman la postal más característica y, rodeándolas, se accede al antiguo poblado musulmán de Xivert, que fue abandonado con la expulsión de los moriscos en 1609.


A tan solo diez kilómetros, se sitúa el municipio de Polpis, y en una de las cimas de la sierras, a 325 metros, se ubica su castillo. De origen árabe, en el siglo XIII fue cedido a los Templarios y, tras su disolución, a la orden de la Montesa. El acceso a la edificación es libre, y es una oportunidad para disfrutar de las vistas y recorrer los vestigios de la torre del homenaje y del recinto amurallado.


Vigilar el Mediterráneo desde la Sierra de Irta

Además de los castillos, en este extremo de la costa castellonense existe una red de torres de vigía destinadas a la protección de la zona de las incursiones marinas.
Destaca la Torre de Ebrí (Alcosebre), casi a 500 metros sobre el nivel del mar, cumplía la función de avisar sobre los desembarcos y ataques de los enemigos berveriscos y turcos. Subir a este enclave tiene como premio poder divisar al sur el Cabo de Oropesa y, al norte, la población de Peñíscola. Mar adentro, se puede observar el castillo de Chivert y el valle de l”Estopet. De planta circular, la planta baja estaba habilitada para caballos y la superior para la vivienda de los vigilantes. Otra torre a la que merece la pena escalar es a la de Badum, al sur del municipio de Peñíscola, pues está situada sobre el segundo acantilado más alto de la Comunidad Valenciana. Tiene hasta seis metros de altura.


La huella del Cristianismo, también desde las alturas


En estas laderas también ha habido espacio para el culto cristiano. Entre las edificaciones más curiosas, la Ermita de Sant Antoni, pues está construida sobre una cueva natural de culto precristiano. Data del siglo XV y ha sufrido diferentes modificaciones a lo largo de su historia pues con el transcurso del tiempo se ha ido adaptando a diferentes usos. Cuenta con un antiguo hostal, unos establos y una plaza porticada. La romería a esta ermita se realiza precisamente este domingo, pues es el siguiente al Domingo de Resurrección.
En Alcalá de Chivert también el barroco valenciano hace su aparición en la ermita de Santa Lucía y San Bente, que toma su nombre de la montaña que vigila desde la cúspide, a 312 metros. Tiene adosado un edificio que era un antiguo hostal para peregrinos y dos pozos. Por Santa Lucía, el 13 de diciembre, se celebra una procesión a este lugar.
Y si el cristianismo ha dejado estos vestigios, el uso agrario y ganadero de la zona se deja ver en construcciones rurales que el viajero puede descubrir a su paso, como la Fuente de la Parra, en el límite entre los términos municipales de Alcalá de Chivert y Peñíscola; la Fuente de canes o el Pozo del Moro, que debe su nombre, según la historia, al hecho de que sirvió de refugio a una familia de moriscos en los tiempos en los que sufrían la persecución y expulsión por parte de los cristianos.


La Sierra de Irta es, por tanto, un enclave único para completar la visitas a las costas castellonenses, a las que protegen desde la distancia. Naturaleza e historia, que junto a esas playas, hacen de la visita a la Comunidad Valenciana, una experiencia mucho más completa.

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